lunes, 17 de julio de 2006
Cinco días de cuenta atras
Hoy es lunes, lo que ya de por si es muy duro, pero además el viernes a las 14:30 horas empiezo las vacaciones, por lo que es lunes de cuenta atras.
Los días de cuenta atras son los más largos, como si la jornada durase dos horas más que los otros días, y por eso llegas a lo que tengas que llegar, en mi caso a las vacaciones, más cansado de lo normal. También es por eso que las vacaciones se aprovechan menos de lo que debería, ya que como llegas cansado, descansas, y como descansas, no haces nada, y por eso, cuando se acaban, estas fustrado. Alguno dirá que fustrado pero descansado, pero no, porque la sensación de descanso te dura un día, a lo sumo una semana, pero como te has acostumbrado ya a no hacer nada, el hacer algo te resulta más duro que antes de las vacaciones.
Es posible que alguno diga que entonces el problema son las vacaciones, que la ociosidad es mala y que estamos diseñados para trabajar. Pues no, la verdad es que nos mienten. El trabajo nunca nos hará libres. Nunca se ha trabajado tanto como ahora, teniendo tan pocas horas de ocio. El hombre a lo largo de su evolución ha sido cazador-recolector, y dedicaba poco más de dos horas al día para conseguir todo lo que necesitaba: el resto, lo dedicaba a pintar cuevas, inventar cuentos, bailes y canciones a jugar con las piedras o a dormir y follar. De hecho el problema fue el follar, porque como no conocían el latex, no usaban condones, y por tanto las hembras en edad de merecer no paraban de parir una y otra vez. Con los crios y toda la pesca se encontraron con que ya no podían ir detras de los bichos (todos los que son padres saben que en cuanto asoma la cabeza el primer vástago, se acabó lo de ir a cualquier lado), así que nada, se encierran a varios animales que sean tontorrones pero sabrosos, se plantan cuatro cosas al lado de casa, y de golpe y porrazo se pasa de ser un felíz cazador-recolector a un preocupado granjero-agricultor: que si los bichos se ponen malos, que si no llueve a gusto de todos, que si desparasitar, etc. y como si no fuera poco, la dieta se resiente: antes se comía todo lo que hubiera por el camino, ahora solo lo que se tiene en la granja.
De todas formas, un agricultor o un ganadero tampoco es que se mate demasiado a trabajar. Si, que si la vendimia es dura, que si la avellana es un coñazo, que si la aceituna... ¿pero de qué estamos hablando? septiembre, octubre y noviembre. A partir de diciembre, y todo el invierno, a visitar el bar. Ni de coña se trabajan 1700 horas anuales. Eso si, lo que se trabaja, es duro, con mucho esfuerzo físico y al sol... pero un albañil también trabaja duro físicamente, al sol, en un medio peligroso y lo hace durante 1700 horas anuales (o más), aunque normalmente lo hace por más dinero que un agricultor, eso si.
Total, que la civilización nos ha traido más trabajo, menos ocio, y encima tener que aguantar a unos vecinos desagradables. Todo a cambio de Internet y sus infinitas posibilidades de pornografía.
Los días de cuenta atras son los más largos, como si la jornada durase dos horas más que los otros días, y por eso llegas a lo que tengas que llegar, en mi caso a las vacaciones, más cansado de lo normal. También es por eso que las vacaciones se aprovechan menos de lo que debería, ya que como llegas cansado, descansas, y como descansas, no haces nada, y por eso, cuando se acaban, estas fustrado. Alguno dirá que fustrado pero descansado, pero no, porque la sensación de descanso te dura un día, a lo sumo una semana, pero como te has acostumbrado ya a no hacer nada, el hacer algo te resulta más duro que antes de las vacaciones.
Es posible que alguno diga que entonces el problema son las vacaciones, que la ociosidad es mala y que estamos diseñados para trabajar. Pues no, la verdad es que nos mienten. El trabajo nunca nos hará libres. Nunca se ha trabajado tanto como ahora, teniendo tan pocas horas de ocio. El hombre a lo largo de su evolución ha sido cazador-recolector, y dedicaba poco más de dos horas al día para conseguir todo lo que necesitaba: el resto, lo dedicaba a pintar cuevas, inventar cuentos, bailes y canciones a jugar con las piedras o a dormir y follar. De hecho el problema fue el follar, porque como no conocían el latex, no usaban condones, y por tanto las hembras en edad de merecer no paraban de parir una y otra vez. Con los crios y toda la pesca se encontraron con que ya no podían ir detras de los bichos (todos los que son padres saben que en cuanto asoma la cabeza el primer vástago, se acabó lo de ir a cualquier lado), así que nada, se encierran a varios animales que sean tontorrones pero sabrosos, se plantan cuatro cosas al lado de casa, y de golpe y porrazo se pasa de ser un felíz cazador-recolector a un preocupado granjero-agricultor: que si los bichos se ponen malos, que si no llueve a gusto de todos, que si desparasitar, etc. y como si no fuera poco, la dieta se resiente: antes se comía todo lo que hubiera por el camino, ahora solo lo que se tiene en la granja.
De todas formas, un agricultor o un ganadero tampoco es que se mate demasiado a trabajar. Si, que si la vendimia es dura, que si la avellana es un coñazo, que si la aceituna... ¿pero de qué estamos hablando? septiembre, octubre y noviembre. A partir de diciembre, y todo el invierno, a visitar el bar. Ni de coña se trabajan 1700 horas anuales. Eso si, lo que se trabaja, es duro, con mucho esfuerzo físico y al sol... pero un albañil también trabaja duro físicamente, al sol, en un medio peligroso y lo hace durante 1700 horas anuales (o más), aunque normalmente lo hace por más dinero que un agricultor, eso si.
Total, que la civilización nos ha traido más trabajo, menos ocio, y encima tener que aguantar a unos vecinos desagradables. Todo a cambio de Internet y sus infinitas posibilidades de pornografía.