lunes, 13 de marzo de 2006
Parece que fuese ayer
Y ya hace una semana que empecé este blog. No he escrito en el fin de semana porque evidentemente no estaba en el curro (cualquiera de las definiciones impares me vale) y por tanto no me he estado varias horas aburrido delante de un ordenador.
Este fin de semana ha sido decepcionante, más que nada porque tenía unas grandes espectativas y al final básicamente he dormido, lo que tampoco esta nada mal. El viernes hicimos algo parecido a una jam session: nos reunimos en el local dos del grupo y los dos colegas de fuera y estuvimos tocando hasta la hora de cenar. Ninguna canción en particular, uno empezaba un ridmo, el resto se unía y empezabamos a hacer variaciones, añadir solos, etc. Es decir, lo que se conoce por una jam session, pero tocando heavy en lugar de jazz.
Es curioso el jazz, porque al mismo tiempo me encanta y lo detesto. Me encanta el jazz original, el que se tocabó en la primera mitad del siglo XX, y era música rebelde, marginal, canalla. Mientras que el jazz que se ha tocado en la seguna mitad del siglo pasado y todavía más lo que se toca hoy día, me parece música embalsamada. El jazz murió en cuanto ganó respetabilidad y hoy ya no es una música canalla, sino que es prácticamente música de ascensor, música muerta y enterrada, como el minuet barroco: se siguen interpretando (poco) las obras clásicas en los palacios de la música, pero no tiene ningún sentido componer uno.
Se puede suponer que al heavy metal le pasará lo mismo, aunque lleva treinta años existiendo y no parece que vayan por ahí los tiros, porque básicamente no ha sido prácticamente nunca la música dominante de la juventud. Es posible que dentro de cuarenta años la música máquina (si se le puede llamar música) sea tan respetable como los Beatles hoy y te la pongan en los ascensores de los hoteles, y como entonces tendré 73 años, espero que la senectud me produzca sordera y pueda apagar los sonotones en esos momentos. Aunque lo más provable es que la música de ascensor sea un anacronismo, y todo el mundo vaya con el sucesor del descendiente del hijo bastardo del iPod acoplado a las orejas escuchando su música favorita.
De todas formas, recurdo una anecdota de hace unos años, no muchos, un par o así, en un bar metalero que había en Tarragona. La anecdota era de un amiguete que aquel día estaba pinchando en el bar, y había puesto una canción de Led Zeppelin, y le apareció un adolescente diciendo que quitase esa mierda y pusiese heavy metal. Los Zepp no son el grupo más heavy del mundo, pero aquel era su disco más metalero y todos saben que el heavy tiene entre sus orígenes a Led Zeppelin. Actualmente Led Zeppelin es ya considerado un grupo casi respetable, por lo que supongo que en unos años lo será Judas Priest, sobre todo cuando se popularice la homosexualidad de su cantante Rob Halford, cosa que parece ser que hace cool. Por cierto ¿a quién creía engañar? no sólo se le apreciaba pluma a toneladas en los videoclips de los setenta y primeros ochenta, sino que incluso en el vídeo de Heading out the highway hace el rol típicamente asociado a las mujeres en las películas juveniles (dar la salida con un pañuelo en las carreras y los juegos de hacerse el gallito lanzandose con el coche hacia un precipicio, pared o lo que sea), y no digamos ya el bailecito que se marca. De todas formas, ¿a quién le importa?.
Es curioso el jazz, porque al mismo tiempo me encanta y lo detesto. Me encanta el jazz original, el que se tocabó en la primera mitad del siglo XX, y era música rebelde, marginal, canalla. Mientras que el jazz que se ha tocado en la seguna mitad del siglo pasado y todavía más lo que se toca hoy día, me parece música embalsamada. El jazz murió en cuanto ganó respetabilidad y hoy ya no es una música canalla, sino que es prácticamente música de ascensor, música muerta y enterrada, como el minuet barroco: se siguen interpretando (poco) las obras clásicas en los palacios de la música, pero no tiene ningún sentido componer uno.
Se puede suponer que al heavy metal le pasará lo mismo, aunque lleva treinta años existiendo y no parece que vayan por ahí los tiros, porque básicamente no ha sido prácticamente nunca la música dominante de la juventud. Es posible que dentro de cuarenta años la música máquina (si se le puede llamar música) sea tan respetable como los Beatles hoy y te la pongan en los ascensores de los hoteles, y como entonces tendré 73 años, espero que la senectud me produzca sordera y pueda apagar los sonotones en esos momentos. Aunque lo más provable es que la música de ascensor sea un anacronismo, y todo el mundo vaya con el sucesor del descendiente del hijo bastardo del iPod acoplado a las orejas escuchando su música favorita.
De todas formas, recurdo una anecdota de hace unos años, no muchos, un par o así, en un bar metalero que había en Tarragona. La anecdota era de un amiguete que aquel día estaba pinchando en el bar, y había puesto una canción de Led Zeppelin, y le apareció un adolescente diciendo que quitase esa mierda y pusiese heavy metal. Los Zepp no son el grupo más heavy del mundo, pero aquel era su disco más metalero y todos saben que el heavy tiene entre sus orígenes a Led Zeppelin. Actualmente Led Zeppelin es ya considerado un grupo casi respetable, por lo que supongo que en unos años lo será Judas Priest, sobre todo cuando se popularice la homosexualidad de su cantante Rob Halford, cosa que parece ser que hace cool. Por cierto ¿a quién creía engañar? no sólo se le apreciaba pluma a toneladas en los videoclips de los setenta y primeros ochenta, sino que incluso en el vídeo de Heading out the highway hace el rol típicamente asociado a las mujeres en las películas juveniles (dar la salida con un pañuelo en las carreras y los juegos de hacerse el gallito lanzandose con el coche hacia un precipicio, pared o lo que sea), y no digamos ya el bailecito que se marca. De todas formas, ¿a quién le importa?.