jueves, 16 de marzo de 2006

La sinestralidad al volante

Es curioso ver como en casi todos los ámbitos tecnológicos se demuestra que las normas o reglas de antaño quedan desfasadas y superadas por la tecnología y en cambio en el automóvil pretenden hacernos creer lo contrario.

Resulta absurdo pensar que un código de circulación ideado y redactado varias décadas atras, cuando el automóvil no estaba tan extendido, sigue siendo válido hoy día. Los coches de hoy son muy diferentes de los coches de los años cincuenta. También las carreteras. Por supuesto los usos y costumbres todavía son mucho más diferentes.

En los años cincuenta del siglo XX el automóvil era un producto de lujo sólo al alcance de la clase media alta, que era muy minoritaria por lo menos en España. Las carreteras todavía eran caminos de carros y el mayor exponente del lujo automovilistico era el Seat 1400. Incluso un lustro despues el coche más popular era el Seat 600.

Es decir, en los años 60 el coche popular tenía un motor de 767 centímetros cúbicos con algo menos de 30CV, y el de lújo 1395 centímetros cúbicos y entre 44CV y 58CV. No tenían cinturón de seguridad, y por supuesto, ni airbag, ni ABS, ni control de tracción, ni estabilizador... Ir en esos viejos cacharros a 120Km/h por imaginarios tramos de autopista era como mínimo una temeridad, y en el caso del 600 casi una imposibilidad tecnológica (la velocidad máxima en la más rápida de las versiones, el 600L, era de 115Km/h). Además hay que tener en cuenta que entonces prácticamente no había tráfico en unas casi inexistentes carreteras.

Ahora nos encontramos con automóviles técnologicamente a años luz de aquellos modelos. Si comparamos el actual Fiat Seicento con su visabuelo, tiene 1108cc y 54CV, es decir, los mismos que el lujoso 1400 de los años 50. Si miramos el Seat actual más parecido al viejo 1400, el Seat Toledo, nos encontramos con motores entre 100 y 150CV, velocidades máximas entre 183Km/h y 206Km/h, y tanta tecnología de seguridad inexistente en los años 50 que se requiere todo el abecedario para las siglas.

¿Nos quieren hacer creer que realmente el código de circulación y los límites de velocidad que se aplicaban a aquellos coches continúan siendo válidos con los modelos actuales? ¿Realmente es más seguro ir por autopista a 120Km/h en un Seat 1400 que a 160Km/h en un Toledo?

Nos dicen que hay más accidentes ahora que antes. Por supuesto, y muchos más coches. No solo eso, hay que tener en cuenta el cambio social de la población automovilizada. En los años cincuenta y sesenta, como he dicho, el coche era un artículo de lujo solo accesible para la clase media alta. Esto implica que la mayor parte de los que tenían coche era ya gente madura, asentada, seria y trabajadora. En ningún caso un adolescente de 18 años sin estudios medios tenía acceso a un automóvil. Hoy perfectamente puede tener uno de 150CV que supere tranquilamente los 200Km/h. Es decir, la calidad media del vehículo en estos cincuenta años a sufrido un salto cuántico que los hace incomparables, y el peor de los coches actuales es mejor que el mejor de los coches de entonces, pero la calidad media del automovilista ha bajado, y mucho.

Además el hacer que el sistema para obtener el carnet de conducir quede en manos particulares hace que sea un negocio y un simple asunto de dinero. El exámen no esta pensado en que el examinado demuestre su pericia al volante, sino en buscar triquiñuelas para suspenderlo. Las autoescuelas sólo te enseñan a superar las triquiñuelas, te enseñan trucos para aprovar, no a conducir. Dale a un chaval de 18 años que ni tan siquiera ha sido capaz de sacarse el bachillerato y que sólo sabe como circular por un circuito de manera que no le suspenda un funcionario un coche de 150CV y lo raro es que no se estampe contra la pared del concesionario.

Aparte del problema de la incompetencia del automovilista novel, también tenemos el problema de la saturación de las carreteras. La red de carreteras de España se diseñó en los años ochenta para las necesidades de entonces, sin tener en cuenta la evolución de las mismas. Además en estos años apenas se han realizado trabajos de mantenimiento, con lo que están en un estado lamentable. Por poner un ejemplo: la autovía de Aragón, que va de Madrid a Zaragoza y viceversa. Su capacidad es suficiente para absorver el tráfico de 1985, resultando claramente insuficiente ya en 1992, que fue aproximadamente cuándo se inaguró. Es decir, ya cuando se estrenó estaba 10 años desfasada. Actualmente esta tan mal cuidada y tan saturada que resulta no sólo peligroso, sino imposible en algunos tramos circular a 100Km/h a pesar de tener un límite legal de 120.

Es evidente que cuanta mayor concentración de coches, más posibilidades de que se produzca un accidente. En estos momentos, en los que las carreteras están en algunos tramos sobresaturadas, la probabilidad de que haya un accidente es ya igual a 1.

Es por esto que sostengo que el problema de los accidentes de tráfico no es culpa de los límites de velocidad, sino de unas carreteras claramente insuficientes para las necesidades del tráfico y de la falta de formación vial de los automovilistas. Establecer límites artificiales de velocidad totalmente inviables lo que producen es la falta de credibilidad de los límites, que resultan acrecentada por la falta de educación del automovilista. Pero claro, solucionar el problema le cuesta dinero al estado, y mucho, mientras que las multas y demás penalizaciones le sirven para obtener una recaudación extra.

También esta el problema del alcohol. Curiosamente se va reduciendo más y más la tasa de alcohol permitida, y en cambio la siniestralidad sigue aumentando, cada vez más. Seguramente esto se deba a que no haya ninguna correlación entre ambas variables, y otra prueba es que en países dónde hay mucha menos siniestralidad que en España los niveles de alcohol permitidos son incluso superiores al doble al de España.

Es cierto que el alcohol reduce la concentración, reduce la capacidad de reacción, reduce el campo de visión, etc. Entonces lo importante es ser consciente de estas limitaciones, y obrar en consecuencia. Con grados de alcoholemia superiores a los actualmente legales (pero que eran legales en 1992, por ejemplo) es suficiente con reducir la velocidad y aumentar la concentración eliminando los posibles focos de disctracción como para poder realizar pequeños trayectos con mayores garantías que en casos de sobriedad absoluta. De todas formas, estaría bien que hiciesen prúblicos los datos reales de influencia del alcohol en los accidentes mortales. De la influencia del alcohol, de la influencia de la velocidad, de la influencia del tráfico, de la influencia de la carretera, de la influencia de cualquier otra cosa que pueda suceder.

Recuerdo el accidente de un amigo, en el que quedó el coche en siniestro total, causado porque le embistió un jabalí. Seguro que la estadistica oficial dice que fue conjunción de exceso de velocidad conjuntamente al efecto del alcohol porque se había tomado una cerveza con la comida e iba a 70Km/h en un tramo limitado a 60. Por supuesto, un abstemio a 60Km/h también habría sido embestido por el animal.

Con esto quiero decir que claramente al estado y a sus dirigentes (los políticos profesionales) no tienen el más mínimo interes en solucionar el problema de los accidentes de tráfico, por mucho que se rasguen las vestiduras, ya que les sirven de escusa perfecta para aumentar la represión y con ello la recaudación.

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